Las nuevas tecnologías traen consigo un proceso de resignificación de practicas en los grupos sociales en los que logran posicionarse, los nuevos medios y los avances que traen consigo no viene a destruir viejas formas, sino, más bien, a darles un nuevo enfoque.
Lo ortodoxo que hoy parece mandar una carta lo es, pero lo esencial que resulta el lenguaje escrito al desarrollo tecnológico es indudable, y no se trata ya de ser tecnofílico ni tecnofóvicos, sino más bien de aprovechar las ventajas de los nuevos avances complementando los viejos métodos.
¿Y esto a qué viene? A que no son exactamente los nuevos medios los destructores de “la buena costumbre” de la lectura, si bien tienen una parte de responsabilidad, son también una nueva herramienta que por lo menos invitan a hacer una “lectura fragmentaria”
El poco hábito de lectura del mexicano no es ya un tema nuevo, al contrario, es un viejo conocido, un eterno residente en la vida cotidiana, en el mundo de la imagen y de la cultura de lo visual , se ha dejado cada vez más de lado a la lectura sobreponiéndole a la imagen en movimiento.
Dice Monsiváis que es un alejamiento orgánico de la lectura causada por el deterioro del sistema educativo, el poco apoyo a las casas editoras, la poca costumbre de los profesores a leer, los altos precios del material bibliográfico, la predominancia de la televisión, una clase política desinteresada en la lectura y coronado todo esto por la lectura de textos de autoayuda y best seller.
Leer ciertamente no te humaniza, pero ha como ayuda, decía Borges “no vivo para leer, leo para vivir”, lo que trae a mí el recuerdo de una resignificada frase popular la cual hoy imploro “¡dios mío, haznos Borges!”
Reflexión de la lectura Elogio (innecesari) de los libros
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